Libre, de Lea Ypi

Esta autora, de quien dicen que es una de las pensadoras más influyentes del siglo XXI, no para de sorprenderme. Leí con verdadera delectación su libro Indignidad en el que aprendí historia de Albania, de los albaneses, pero también de todas las peripecias que vivieron los países balcánicos tras el desmembramiento del Imperio Otomano.

Lo que he dado en llamar literatura vertical y horizontal, en el sentido de que narra los devenires de una familia, pero a su lado, horizontalmente, la historia de la sociedad en la que se enmarca, el contexto y su evolución, haciendo un barrido absoluto de historia de historias, aspirando a una literatura total que cubra lo individual y lo colectivo.

Más adelante lo encontré en Koljós, de Emmanuelle Carrere y este último lo atribuye a Annie Ernaux, así que (por si aún no lo sabíamos) sabemos que no es invento de Lea Ypi, pero su aproximación es muy interesante, vinculándolo con la investigación personal, con el ensayo filosófico… haciendo que leer a Ypi sea una inmersión en la cultura casi de manera global.

Este meditación sobre qué es ser libre, Lea Ypi nos lanza preguntas incómodas en las que sentirnos identificados como aquellas personas que no siempre saben si son libres o, sencillamente, herederas de un contexto o una cultura que empuja o condiciona nuestras decisiones. ¡Qué tiempos de contraste con la flamante declaración de «estar obligado a ser libre» de aquel Jean-Paul Sartre!

Hilos de Chantal Maillard

Este libro, que me regaló Javier Jiménez, ha sido una preciosidad de poesía que tenía a medias cuando comencé mi periodo vacacional y que terminé casi al llegar. La generosidad de Javier ha hecho que quisiese apostar por una coedición de un poemario suyo de haikus que escribió a raíz de apuntarse a un temático sobre poesía japonesa que impartí este curso pasado 2025-2026.

Andrea Aguirre y el fin del mundo

Había leído algo en Madrid y, sobre todo, había escuchado la musicalización que hicieron de sus poemas Rafa Mora y Moncho Otero en el Café Libertad 8 unos días antes del verano. No obstante el libro no lo había podido leer, así que me llevé algo de poesía sencilla, pero muy valiente y con una temática sobrecogedora: el proceso del aborto que tuvo y cómo encaró ese duelo.

Manual para sobrellevar el fin del mundo, libro de Andrea Aguirre, con un título muy bien elegido, tiene poemas como este que dejo a continuación:

Me quedo con que «solo quedan las palabras» a modo de resistencia para poder seguir viviendo, afrontando pérdidas que pueden parecer inasumibles.

La sorpresa del verano: Didier Eribon

El primer libro que leí al llegar a Taramundi en 2026 fue esta recomendación de Liliana Marcos que fue, quizá, una de las mayores sorpresas del verano. Un libro intenso y maravilloso.

Me resultó curioso identificarme, en gran parte, con la autobiografía de un homosexual incomprendido en su familia por su «anormalidad», lo que acaba, según él, sarcásticamente llamando milagro. Quizá, con el paso del tiempo también yo he aprendido a convivir y reivindicar esa anormalidad como algo idiosincrático y que me enorgullezco de defender.

Puntos y comillas

Es un lío cuando el criterio es confuso y cambiante en la edición de un libro. Me desespera y me dan ganas de dejar de leerlo solo por eso.

También opino que la puntuación combinada con el uso de comillas es bastante difícil de entender. Por mucho que la RAE se empeñe, con un detallado artículo, en intentar informarnos sobre el uso «apropiado» de tal combinación.

Por no hablar del tipo de comillas, esas comillas «españolas» que cada día más son sustituidas por las inglesas debido al abuso de los teclados. Agradezco haber descubierto hace años este pequeño «tip» sobre uso de comillas españolas, que ahora me facilita la edición enormemente.

Yo suelo seguir a la RAE en este punto, aunque no sé si me parece la mejor forma de operar en todo caso. Aun así, lo que no hago nunca es dejar de mantener un criterio y pasar a otro en alguna parte de un libro, salvo error.

Algunas de las lecturas de este verano 2026

En cuanto llego a Taramundi, lo primero que hago es extender y clasificar mis lecturas programadas en, al menos, tres montones correspondientes a Ensayo, Novela y Poesía, aunque a veces hay libros inclasificables o de algún género que se desdobla, como la narrativa, en novelas y cuentos, o novelas densas y novelas ligeras.

Este verano, en los 28 días que estuvimos de vacaciones (y algún día anexo por detrás o por delante de ese periodo), me leí más de 18 libros. No leí todo lo que había llevado, así que algo me quedó para la vuelta a casa, pero he de reconocer que me gusta darme esa panzada a leer sin parar, como si no hubiese, casi, otra cosa que hacer en la vida, aparte de compartir con Carmen caminadas, charlitas, comidas…

Este año decidí casi no hacer ninguna fotografía de paisajes, monumentos, ni excursiones, ni comidas y, sin embargo, sí fotografiar cada uno de los libros que me leía según los iba terminando y compartir las mismas con mi estado de whatsapp, a modo de reivindicación o proclamación de que otro tipo de vacaciones es posible.

Me hizo estar algo más «conectado» con el exterior de lo que suelo estarlo en esas fechas pero, no obstante, le dedicaba cantidad ínfima de tiempo a hacer una pequeña labor casi podríamos decir que divulgadora.

Chrome es otro monopolio… o similar.

Es horrible, pero parcialmente cierto, este meme sobre la omnipresencia de Google Chrome, incluso en sistemas operativos Linux, que presumen (presumimos sus usuarios) de libertad y código abierto.

He intentado migrarlo todo a Firefox desde hace años y, sin embargo, cada cierto tiempo, he de recurrir al Chrome por algún tema de incompatibilidad. Es penoso que me ha llegado a pasar utilizando una plataforma como https://meet.jit.si/ que presuntamente es de código abierto y que debería ser más amistosa con el software del zorro, pero no. El otro día me volvió a pasar en una sesión que no funcionaba el audio en condiciones y fue cambiarme al navegador de google y que fuese todo estupendamente. Una pena, pero así son las cosas. No siempre podemos permanecer en la pureza de la ideología sino que toca transigir con el inmisericorde mercado que no atiende a otra razón que la aglutinación de capital en manos privadas de mínimos tenedores.

Y así seguimos.

Herramientas para gestión de PDFs

Suelo generar PDFs con varias aplicaciones, como Scribus o Inkscape, amén de la habitual suite Libreoffice, pero en muchas ocasiones he de retocar los archivos, unir varios, modificar tamaños, o alguna otra cuestión que ahora no recuerdo, pero que suele ser muy molesta.

Tengo algunos programas instalados en mi Linux Mint que hacen verdaderas maravillas, entre otros: pdfunite, que es parte de un conjunto de útiles llamado poppler-utils, y la aplicación PDF Arranger que permite hacerle casi cualquier cosa a un archivo PDF con múltiples páginas.

No obstante, a veces, utilizo la web pressPDF, especialmente para verificación de portadas (cubiertas) de libros antes de su envío a imprenta.

El otro día descubrí esta otra web también con pinta de ser muy muy potente y sencilla de utilizar, que se llama pdf24.org, donde sin necesidad de ningún tipo de registro se puede hacer infinidad de cosas con un PDF.

Son archivos complejos, mucho más de lo que a primera vista parece, que más de una vez me ha dado problemas gestionar, ya sea porque no contienen CMYK correctamente o por alguna otra razón (transparencias, capas incompatibles con algunos requerimientos…) con lo que tener baterías de aplicaciones o herramientas con las que manejarlos se convierte en esencial, como de costumbre especialmente si decides alejarte del origen de PDF (relacionado muy de cerca con Mac) y quieres vivir en el mundo marginal de los sistemas abiertos.

Esto no es una broma